martes, 30 de octubre de 2012

Malaria

Cada año se presentan de 300 a 500 millones de casos de malaria, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, y más de un millón de personas muere a causa de ésta.  Está considerada, además, un grave problema de salud en gran parte de los países tropicales y subtropicales.
Mapa que muestra los países donde la malaria es endémica

La malaria también recibe los nombres de fiebre cubana, paludismo o fiebre de las aguas negras o de los pantanos. Se trata de una enfermedad parasitaria que se transmite a humanos directamente a través de mosquitos infectados, entre embarazadas y fetos de manera congénita y a través de transfusiones sanguíneas.
 
El parásito responsable de la enfermedad es el Plasmodium, concretamente, 5 especies distintas identificadas. La transmisión directa se realiza a través de picaduras de varias especies del mosquito del género Anopheles
 
Son los esporozoítos del Plasmodium los que viajan a través del torrente sanguíneo hasta el hígado, donde maduran y se convierten en merozoítos. Estos regresan a la circulación general e infectan a los glóbulos rojos, dentro de los cuales se multiplican.

SÍGNOS Y SÍNTOMAS
 

 Los primeros síntomas se presentan por lo general de 10 días a 4 semanas después de la infección, aunque pueden aparecer incluso a los 8 días o hasta 1 año después de ésta.
 
Los merozoítos se liberan al torrente sanguíneo cuando los glóbulos rojos rompen, al cabo de 48-72 horas, por lo que los síntomas adquieren un carácter cíclico. Esta destrucción de los glóbulos rojos implica una anemia importante.
La malaria también supone la aparición de fiebres altas, escalofríos, heces con sangre, convulsiones, dolores de cabeza, dolores musculares, sudoración, náuseas y vómitos, ictericia, y finalmente, coma.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA MALARIA
 
Para determinar el diagnóstico de esta enfermedad se realiza un examen físico, en el que el personal sanitario debe de identificar síntomas de una hepatomegalia o una esplenomegalia. Adicionalmente, se confirma el diagnóstico mediante unos frotis de sangre, que han de ser tomados a intervalos de 6 a 12 horas, en los cuales detectaremos si hay anemia o no.
 
Mosquito del género Anopheles
Una vez diagnosticada, la malaria es una emergencia médica que requiere hospitalización. Los  tratamientos que se administren van a depender del tipo concreto de parásito causante y de si este es resistente o no a la medicación (antibióticos). Además, en algunas regiones del mundo, los mosquitos portadores de la enfermedad se han vuelto resistentes a los insecticidas.

Habitualmente se administra cloroquina, como un antipalúcico, pero muchos tipos de parásitos son resistentes a ella, por lo que se administran alterativamente combinaciones de quininas más doxiciclina, tetraciclina o clindamicina, mefloquina o artesunato, o combinaciones de pirimetanina y sulfadoxina.  Además, durante la hospitalización pueden ser necesarios cuidados médicos en cuanto a problemas volémicos y respiratorios.
 
Por norma general, si se recibe el tratamiento adecuado, los pronósticos de curación son buenos. Sin embargo, la malaria puede ir acompañada de complicaciones que dificulten la recuperación, como infecciones cerebrales (encefalitis), meningitis, insuficiencias respiratoria (edema pulmonar), renal o hepática, o ruptura del bazo, entre otras.

¿CÓMO PREVENIR LA ENFERMEDAD?
 
En zonas tropicales y subtropicales, donde la malaria es altamente endémica y generalmente se transmite a través de los mosquitos, los habitantes han desarrollado cierta inmunidad hacia la enfermedad ya que, al infectarse tan a menudo, se convierten en portadores más o menos asintomáticos. Los visitantes de estos países tienen que tomar medidas de protección para evitar la infección, realizando además tratamientos preventivos antes y después del viaje.
 
Las vacunas contra la malaria todavía se encuentran en desarrollo, por lo que no existe un método de prevención eficaz.

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