La forma de contaminación más habitual es mediante el consumo de alimentos, crudos o procesados, contaminados por la bacteria. Suelen ser alimentos poco tratados, con mucha vida útil en refrigeración o alimentos sin necesidad de ningún tratamiento (“abrir y listo”). Entre estos están: leche cruda y derivados como el queso, carne cruda o mal cocinada, verduras crudas, patés, quesos frescos.
Cualquiera puede contraer la enfermedad, pero afecta en mayor medida a embarazadas, fetos (las bacterias de una madre infectada pueden atravesar la placenta e infectar al feto en desarrollo), bebés, personas de edad avanzada y pacientes inmunodeprimidos.
Las manifestaciones aparecen tras 5 semanas de la infección (este gran período de incubación dificulta, a menudo, recordar qué alimento pudo haber transmitido la enfermedad). Los primeros síntomas son fiebre, escalofríos, dolores de cabeza, vómitos y malestar general; es decir, es un primer momento la sintomatología puede confundirse con una gripe normal.