Hace casi 27 años, tuvo lugar otro de los accidentes nucleares más graves de la historia. Ocurrió en Chernobyl, Ucrania.
El 26 de abril de 1986, mientras se simulaba un corte de suministro eléctrico, fallos en uno de los reactores de la central causaron el sobrecalentamiento del núcleo del reactor, lo que terminó provocando una enorme explosión de hidrógeno que se acumulaba en su interior.
Se emitieron al exterior cantidades de dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio y grafito, y de otros materiales radiactivos y tóxicos, 500 veces mayores a las liberadas por la bomba atómica de Hiroshima en 1945.
2 personas murieron aquel día como consecuencia directa, 31, en los tres meses siguientes. En más de 600.000 personas se detectaron altos niveles de radiación, debido a su participación en las actividades de descontaminación posteriores al desastre. Gracias a estos mismos, conocidos como "los liquidadores de Chernobyl", se pudo evitar una segunda explosión que habría tenido consecuencias dramáticas, pudiendo haber dejado inhabitable a toda Europa.